jueves, 7 de abril de 2016

La chica del tren, de Paula Hawkins, próximamente.

¡Buenas! Como dije en mi último post, la novela que he empezado a leer es la conocida La chica del tren, de Paula Hawkins, el aclamado best-seller publicado en 2015 y del cual se vendieron cinco millones de ejemplares en apenas seis meses.

Hasta el momento me está gustando mucho, y eso que apenas he leído, pero me gusta mucho la forma en la que está escrita. Cada capítulo corresponde a un personaje y al inicio viene fechado con el día de la semana, número, mes y año, ya que da ciertos, pero pequeños, saltos en el tiempo. Además, dentro de los capítulos hay divisiones en mañana y tarde, lo que agiliza su lectura y el paso del tiempo de los acontecimientos.

También estoy contenta con la forma de expresarse de los personajes y las descripciones tanto de sus sentimientos y pensamientos como de sus rutinas diarias. La autora utiliza un lenguaje sencillo y frases relativamente cortas, otro aspecto que agiliza y ameniza mucho la lectura.

Como he dicho, apenas he leído, pero desde el principio encuentras intriga y no puedes evitar la curiosidad. Además, no tarda en empezar a revelar ciertos detalles y pasajes que les ocurren (u ocurrieron) a los personajes, pero no explica todo de golpe sin dejar cabida a la imaginación, sino que hace algún comentario que te lleva a hacer unas suposiciones que, en el siguiente capítulo, confirma o desmiente poco a poco.

Estoy deseando coger el metro para poder seguir leyendo tranquilamente. Espero que no me decepcione, que ha empezado con muy buen pie.

lunes, 4 de abril de 2016

Desaparecida, de Romano de Marco

¡Buenas! Ya he terminado otra novela y esta vez traigo malas noticias, pero primero os pongo en situación.

Como se lee en el título del post, la novela es Desaparecida, de Romano de Marco, un autor claramente italiano. Dejo aquí la sinopsis: 

"Era el mejor policía de Milán. Ahora, diez años más tarde, Marco Tanzi es un mendigo que vive en parques y calles mimetizándose con la degradación de una ciudad que no tiene lugar para los derrotados. Con el pelo largo, la barba descuidada y la ropa sucia, de aquel hombre queda poco: un gigante de un metro noventa y ocho que ahoga su vida en el alcohol. Y sin embargo, una noche, aquella vida que parecía marcada por una caída sin freno se ve sacudida por un acontecimiento inesperado: Giulia, su hija a la que no ve desde hace años, ha desaparecido misteriosamente. Ahora tiene la misión de encontrarla, cueste lo que cueste.
Comienza así una búsqueda mortal que, en una espiral de violencia y tensión trepidante, llevará a Marco Tanzi y Luca Betti, su antiguo colega del Anticrimen, a los bajos fondos de la pornografía clandestina y la trata de blancas. Un mundo paralelo y desconocido, donde solo quien ha visto cara a cara sus peores pesadillas puede lograr sobrevivir".

Simplemente leyendo la sinopsis ya te desvelan la resolución del caso, lo cual le resta bastante encanto a la novela. El fallo principal y más serio que he encontrado es propio de quien escribe su primera novela, pero no es el caso de este autor. Dicho fallo es empezar de una forma lenta y terminar de golpe en tres capítulos. Tres cuartas partes de la novela transcurren sin novedades sobre el caso y sin ningún tipo de investigación por parte del protagonista que, a diferencia de lo que se entiende en la sinopsis, en mi opinión es Luca Betti. 
Al principio entramos en la vida familiar del policía (porque de su trabajo no se menciona nada) y nos presentan un matrimonio infeliz en el cual se esfuerza aun sabiendo que su mujer nunca lo ha querido. Viaja a Roma a conocer las novedades del caso de la desaparición de Giulia Tanzi, pero considera que están haciendo un buen trabajo y, hala, paso de meterme en un caso que afecta al que era mi mejor amigo. Mientras nos cuentan un poco la vida de Betti, Marco decide desintoxicarse. Después se reencuentran, un investigador privado y su experto en informática les descubren todo lo que necesitan y van a rescatar a la chica. Los "malos" dan unos cuantos tiros, se rinden enseguida y les indican dónde tienen a las chicas. Fin de la trama. Sin complicaciones que no se resuelvan en diez líneas. Además, sabemos ya que la chica está secuestrada porque va a ser obligada a prostituirse y a grabar películas porno.

Por lo demás, las descripciones son muy poco profundas y no logran ese efecto de empatía con los personajes que hace que sientas su dolor y su angustia. No se profundiza en la manera de recopilar la información necesaria para la resolución del caso, sino que se deja en mano de terceros que lo dan todo hecho. Luca y Marco apenas encuentran problemas para localizar el lugar donde tienen a Giulia ni para escapar cuando los hacen prisioneros ni para lograr que sus enemigos se rindan y confiesen. 

Otro aspecto negativo que le encuentro y que en un primer momento creí que iba a gustarme fue el intercalar capítulos que se remontan diez años en el tiempo para explicarnos poco a poco cómo se llegó a la situación actual. Sin embargo, no está logrado, porque en los capítulos ambientados en el presente ya te revelan todo lo que ocurrió hace diez años en un solo diálogo. Solamente un par de esos capítulos del pasado están logrados y son realmente necesarios para poder comprender la acción que discurre en el momento presente.

Un último fallo son las erratas, que no sé si son errores del autor o de la traductora. Uno de ellos es un cambio de fecha, algo así como que en el principio del capítulo te pone "hace seis años", pero a mitad del mismo te dice que fue "hace diez años". La otra errata es cambiarle el nombre a un personaje, directamente, te están hablando de Fausto y, de repente, aparece un tal Fabio.

Como punto a su favor he de mencionar el giro final que tiene, confieso que ha sido totalmente inesperado. Aún así, apenas dura tres páginas y no se mantiene el misterio más de quince líneas. 

Creo que con estos puntos queda clara mi posición respecto a esta novela: no la recomiendo, sobre todo si estáis acostumbrados a novelas de misterio y crímenes, porque ésta de misterio tiene bastante poco. Como ya he mencionado, antes incluso de terminarla ya tenía la sensación de estar leyendo la primera novela de este autor, pero resulta que no es así.

Mi próxima lectura creo que será La chica del tren, ese best-seller del que todo el mundo hablaba hace unos meses. Espero no llevarme una decepción. ¡Hasta la próxima!

jueves, 17 de marzo de 2016

Controlaré tus sueños, de John Verdon.

¡Buenas! Por fin estoy de vuelta, ahora que los exámenes y la vida en general me dan un respiro. Estamos a jueves y terminé esta novela el lunes, pero tampoco sé hasta qué punto puedo contar para no desvelar cosas importantes por si queréis leerlo. Es más complicado de lo que pensé en un principio.

Bien, para empezar he de confesar que siento un amor incondicional por el detective Gurney, el protagonista de las novelas de John Verdon. Este autor americano trabajó en agencias de publicidad y cuando se retiró, su mujer y él decidieron trasladarse al campo, concretamente a los Catskills, unas montañas en el sureste de Nueva York. Allí comenzó a interesarse por las novelas de detectives hasta que su mujer le animó a escribir su propia novela. Así apareció Sé lo que estás pensando (Think of a number como título original, 2010) y las buenas críticas contribuyeron a que escribiera la segunda novela, No abras los ojos (Shut your eyes tight, 2011). A ésta le siguieron Deja en paz al diablo (Let the Devil Sleep, 2012), No confíes en Peter Pan (Peter Pan must die, 2014) y, por último hasta este momento, Controlaré tus sueños (Wolf Lake, 2015).

Dave Gurney es el protagonista de todas esas novelas: un exdetective de Homicidios en el Departamento de Policía de Nueva York. Junto a su mujer, Madeleine, quien, si no recuerdo mal, trabaja en un hospital en un área tipo Psicología o Psiquiatría, se mudan a un pueblo llamado Walnut Crossing. Gurney no está especialmente contento con la idea de convertirse en un hombre de campo, al contrario que su mujer, y esto provoca situaciones de tensión durante todas las novelas en las cuales su mujer intenta que sea de una forma y deje de pensar como un detective mientras él no puede evitar sentirse terriblemente atraído por casos en apariencia imposibles de resolver y potencialmente peligrosos.

En las primeras novelas Madeleine apenas tiene protagonismo, excepto cuando el caso en el que trabaja su marido empieza a salpicar a su matrimonio por diversos motivos; en cambio, en esta última parte, Madeleine se convierte en una parte fundamental. Además, Gurney deja de ser tan frío y distante como en novelas anteriores, donde aparentaban ser un matrimonio infeliz que simplemente no se divorciaba por pereza -al menos esa fue mi primera impresión-.

Centrándome ya en Controlaré tus sueños, os dejo la sinopsis: "¿Cómo pueden tener cuatro personas el mismo sueño? ¿Por qué iban a suicidarse después? Cuatro hombres que no se han visto nunca y que no parecen tener nada en común han tenido el mismo sueño, una pesadilla recurrente presidida por una figura terrorífica. Todos ellos son hallados muertos posteriormente. La policía enseguida descubre que las víctimas compartían dos hechos significativos: todos habían pernoctado recientemente en un mismo hotel viejo y misterioso de las montañas Adirondack y todos ellos habían asistido a sesiones de terapia con el mismo hipnotista.
David Gurney deberá apresurarse a resolver esta serie de interrogantes imposibles, que desconcertarán tanto a su cabeza como a su corazón.
Una trama inteligente y vertiginosa, acompañadas de giros magistrales, con la que descubrirás que nunca, ni siquiera en tus propios sueños, estás realmente solo."

A primera vista el caso parece imposible: cuatro personas sin relación van a ver a un hipnotista para dejar que les ayude a dejar de fumar; después tienen la misma terrible pesadilla con claras connotaciones de violación y tras varias noches de pesadillas aparecen muertos con las muñecas abiertas, lo que parece indicar un suicidio. La policía se vuelve loca y lo denomina "suicidio inducido por un trance", con lo que culpan al hipnotista, Richard Hammond, de haber causado tales pesadillas para provocar que se suicidaran. La primera cuestión que aparece es, ¿cuál es el móvil? ¿Quién sale realmente beneficiado de las muertes? Nada tiene sentido y conforme la novela avanza, más complicado se vuelve todo.

La resolución del caso me ha gustado mucho, además, Gurney siempre se mete en problemas cuando descubre al asesino y me gusta mucho la forma en la que lo manipula para lograr escapar de muertes seguras. Su forma de llegar a las personas y de sopesar cómo debe hablarle a cada una para conseguir sus objetivos demuestra un personaje inteligente muy bien construido.

A pesar de que realmente no empiezan a atar cabos hasta más de la mitad de la novela, engancha desde el principio y, aunque sea en círculos, avanza a buen ritmo hasta el vertiginoso final, donde no puedes parar de leer porque los capítulos parecen terriblemente cortos y necesitas saber cómo continúa. Es un libro fácil de leer y de seguir, pero, en mi opinión, está muy bien expresado y detallado.

Me han gustado absolutamente todas las novelas que he mencionado al principio y, sinceramente, recuerdo los casos y sus detalles más llamativos, pero no recuerdo la resolución de los dos primeros, así que si me los releo en algún momento, tendréis algún que otro post sobre ellos. Prometo que serán bastante más cortos que éste, que aquí tenía que poneros un poco en situación, pero la situación es muy amplia.

¡Ah! Espero que si algún día leéis algo de lo que comente o si ya los habéis leído, me dejéis algún comentario con vuestra opinión -o con lo que queráis, de momento no hay censuras-.

jueves, 3 de marzo de 2016

Capítulo 42 (págs. 238-241)

"-Me encantaría saber más de ello -dijo Gurney-, suponiendo que no sea demasiado académico.

-Es una descripción práctica de cómo puede romperse el poder de una maldición. La clave está en comprender cómo funciona una maldición de vudú, cómo ocasiona la muerte de la víctima.

Madeleine enarcó una ceja.
-¿Está diciendo que esas maldiciones matan realmente a gente?

-Sí. De hecho, la maldición de vudú podría ser el arma asesina más elegante.

-¿Cómo funciona? -preguntó Gurney.

-Empieza con la fe. Creces en una sociedad donde todos creen que el doctor hechicero posee poderes extraordinarios. Te dicen que sus maldiciones son fatales y oyes historias que lo prueban. Confías en la gente que te cuenta esas historias. Y, finalmente, ves la prueba por ti mismo. Ves a un hombre al que han maldecido. Lo ves marchitarse y morir.

Madeleine parecía aterrorizada.
-Pero, ¿cómo ocurre eso?

-Ocurre porque la víctima cree que está ocurriendo.
[...] No es tan complicado. Nuestras mentes buscan constantemente relaciones de causa y efecto. Es necesario para sobrevivir. Pero, en ocasiones, nos equivocamos. El hombre que sabe que está maldito, que cree en el poder de la maldición, se siente aterrorizado porque cree que la maldición lo ha condenado. En su terror, su apetito disminuye. Empieza a perder peso. Ve la pérdida de peso como una prueba de que el proceso de morir ha comenzado. Su terror aumenta. Pierde más peso, se debilita poco a poco, queda físicamente enfermo. Ve esta enfermedad (el producto de su propio miedo) como el resultado de la maldición del doctor hechicero. Cuanto más se aterroriza, peores son los síntomas que alimentan su terror. Muere porque cree que está muriendo. Y su muerte solidifica la fe de la tribu en el poder de la maldición.
[...]

Se produjo un silencio frágil, que rompió Madeleine:
-¿No empezó diciendo que había una forma de romper el poder de la maldición?

-Sí, pero no es del modo que se podría imaginar. Una persona con mentalidad científica podría intentar convencer a la víctima de que el vudú es absurdo y que sólo funciona con gente dispuesta a creer ese absurdo. El problema de esa estrategia es que normalmente fracasa, y la víctima muere.
[...] Porque subestima el poder de la fe. Cuando colisionan, los hechos no son rivales para las creencias. Podríamos pensar que nuestras creencias se basan en hechos, pero la verdad es que los hechos que aceptamos se basan en nuestras creencias. El gran engreimiento de la mente racional es que los hechos son en última instancia convincentes. Pero eso es una fantasía. La gente no muere por defender los hechos, muere por defender sus creencias.
[...] El truco es aceptar el poder, no desafiarlo.
[...]Un psiquiatra occidental había tomado la estrategia de la lógica y el desprestigio, pero no había logrado efecto positivo alguno. Yo tomé un camino diferente para llegar a la mente de ese hombre. Para abreviar, le dije que, en el pasado, el doctor hechicero local había utilizado mal el poder tremendo del vudú para su propio enriquecimiento y que los espíritus le habían arrebatado el poder. Le expliqué que, para mantener su posición, para impedir que la tribu se diera cuenta de que le habían privado de su magia, el doctor hechicero había recurrido a envenenar a sus víctimas. [...] Describí un proceso creíble del envenenamiento [...] Mientras hablaba, veía que los detalles de la nueva historia arraigaban en su mente. Al final, funcionó. Lo hizo porque el hombre podía aceptarlo sin abandonar su creencia fundamental en el poder del vudú.

[...]

-Entonces, ¿está diciendo que salvó la vida de la víctima inventando una historia?

-Dándole una alternativa a la forma en que comprendía su dolor.

-Pero era mentira.

-¿Y eso le molesta? Tal vez sea demasiado idealista.

-¿Porque valoro la verdad?

-Quizá la valora demasiado.

-¿Cuál es la alternativa? ¿Creer mentiras?

-Si le hubiera contado la verdad a ese hombre obsesionado (que el vudú no tiene ningún poder inherente, que no es más que una ilusión que lleva a la víctima a un suicidio lento), no me habría creído. Dado su historial y su cultura, no hubiera podido creerme. Habría desdeñado mi verdad como un absurdo herético. Y como resultado habría muerto."

John Verdon, Controlaré tus sueños.